Las Batuecas valle escondido entre frondosos bosques de robles y castaños - Salamanca vive la Provincia

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Las Batuecas valle escondido entre frondosos bosques de robles y castaños

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El valle de Las Batuecas, escondido entre frondosos bosques de robles y castaños, parece estar encantado. La niebla que envuelve las montañas, el silencio y la leyenda que jura que aquí vivió un pueblo aislado de la civilización aportan romanticismo al paraje, hogar de monjes y abrigo de pinturas rupestres. La Casa del Parque de Las Batuecas, en La Alberca, informa sobre los distintos senderos que recorren la zona. 

Son varios los miradores que animan a detener el coche en la carretera. Los 12 kilómetros de curvas que separan La Alberca y Las Batuecas ofrecen vistas hermosas del bosque, hasta divisar a lo lejos el monasterio de San José, encajado en lo más profundo del valle. Tanta admiración provoca este enclave que ha prestado su nombre a la expresión "estar en Las Batuecas", es decir, quedarse ensimismado, embelesado o absorto. Seguramente quienes mejor conocen el significado profundo de este estado ánimo son los monjes de clausura de la orden carmelita, que llegó aquí en 1598, ajena entonces a los rumores que circulaban sobre un pueblo de lengua y costumbres propias que moraba secretamente en el valle. El monasterio no es visitable, ni siquiera el exterior, al que ese accede por un camino cerrado al público, pero ofrecen hospedería para retiro masculino.

Desde la entrada al monasterio parte un sendero que avanza por el cauce del río Batuecas, hasta la cascada del Chorro. El camino recorre la vereda que protege el antiguo jardín botánico delos carmelitas. Encinas, tejos, cipreses, cedros y madroños crecen alrededor. Algunas señalizaciones indican caminos para llegar a las rocas pintadas por el hombre prehistórico. En total son 38 abrigos o canchales con manifestaciones esquemáticas de colores rojos y ocres, fechados entre el 400 y el 2500 a.C. y declarados Bien de Interés Cultural. Las figuras más famosas son las conocidas popularmente como cabras printás, por el animal que representan. Precisamente la cabra montés, reintroducida en el valle a finales de la década de 1979 tras su desaparición, es una de las especies más valoradas del ecosistema autóctono.

Si la excursión al valle de Las Batuecas se realiza desde La Alberca, es aconsejable parar en la Casa del Parque o en el Aula Arqueológica. Allí ofrecen información sobre las rutas y senderos, la fauna, la flora y la historia de este lugar enigmático y paradisíaco, que Lope de Vega inmortalizó en su obra "Las Batuecas y el duque del Alba"


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